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BIENVENIDOS AL SHOW BUSINESS

BIENVENIDOS AL SHOW BUSINESS

Chef

Hace mucho tiempo que no veo la televisión “en abierto”. Desde que me registré en un canal de pago (muy barato, por cierto) no he visto otra cosa. El no tener anuncios que duran 6 minutos con varios cortes en la misma película hace que haya podido verlas del tirón como hacía mucho que no lo hacía ya que lo único que consiguen metiéndote tanta publicidad es que vayas cambiando de un canal a otro y al encontrar otro programa que te llame la atención pierdas el hilo de lo que estabas viendo.

No obstante, el otro día encendí la televisión y en lugar de darle al botón de dicho canal puse sin querer uno en abierto, saliéndome una suerte de concurso donde había niños haciendo de cocineros. Vaya por delante que me encanta que los niños aprendan cocina, llevado al terreno del juego se lo pasan muy bien rompienso huevos o usando harina, la cual acaba tanto en sus caras como en sus sartenes, o batiendo, usando utensilios que para ellos son curiosos, etc.

Repito, si es un juego es genial y a la vez que divertirse, el día de mañana cuando se independicen, no sólo sabrán cocinar “comida de supervivencia” (o de microondas, que es peor) y, quién sabe, igual alguno ama tanto la cocina que decide convertirla en su profesión.

Hasta aquí, perfecto pero ¿y si ponemos a estos niños bajo la presión de un concurso ante la atenta mirada de toda España? ¿sigue resultando divertido para ellos? Yo creo que no. Señores, que los adultos vayamos a este tipo de programas, bueno, ya estamos formados y con unos valores. Por decirlo de otra manera “ya sabemos donde nos metemos”.
El caso de los niños es harina de otro costal, tanto al ganador como a los perdedores puede influirles negativamente en su desarrollo. Al primero le puede pasar perfectamente que se crea que “ya ha llegado” y que “es el mejor” por lo que no hace falta esforzarse para conseguir sus metas. Posiblemente haya sido el mejor de ese grupo pero no es más que eso: un pequeño grupo que nada tiene que ver con lo que encontrará el día de mañana en el mundo “real”. Según como baje de ese pedestal fictio puede suponerle un serio trauma.

En cambio, a los perdedores les puede pasar que su autoestima se vea tan afectada que decidan odiar la cocina para siempre.

Señores, son niños. Dejémosles haciendo lo que tienen que hacer en lugar de ser parte de un espectáculo para disfrute de los adultos. Me permito citarme de nuevo: “disfrute de los adultos” porque a esas horas dudo mucho que haya muchos niños que vean la televisión.

Para ellos, sería mucho mejor un programa donde alguien les enseñara a cocinar y a trabajar en equipo, allí, todos juntos entre fogones, con un cocinero o cocinera con una afinidad especial para con ellos y sin ganadores ni perdedores. Pero claro, esto no interesa. Ya no sería Show Bussines. Sería educación algo de lo que, desgraciadamente, vamos a peor cada año en este país.

Lo que más me entristece es que los culpables son sus padres por prestarse al juego… a cambio de una buena renumeración económica, claro.

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